Kike, delante de su vivienda de alquiler, en Donostia.

«Con gastos pago 700 al mes, menos que un alquiler libre»

SAN SEBASTIÁN. 13/03/2017 06:31 |0

Kike González vive desde hace seis años en una VPO de alquiler en Donostia, su opción prioritaria

«¿Cuál es tu dirección?», pregunta la periodista. «Es una plaza al final de Riberas, el edificio gris y blanco, se nota que es el de VPO», contesta el inquilino. Kike González ubica su vivienda entre las decenas de bloques que se suceden en uno de los nuevos barrios de San Sebastián, y donde se mezclan las promociones de venta con las de alquiler, y las libres con las distintas clases de pisos protegidos que ofertan las instituciones vascas. En realidad, la estética de la fachada de su casa es lo que menos le importa. Este joven de 39 años está encantado con la vivienda de dos habitaciones en la que reside desde hace seis años, y de la que por ahora no planifica mudarse. «Pago menos de 300 euros de alquiler», indica, dando la oportuna explicación y reconociendo que hay rentas para todos los bolsillos.

La suya, revisable y revisada ahora cada tres años -al principio era cada cinco-, se la fijaron cuando dejó de vivir en pareja y coincidió con una mala racha sin trabajo. «Ellos mismos me llamaron», cuenta este vigilante de seguridad donostiarra que reivindica los alquileres sociales como «única» manera de que la gente joven acceda a una vivienda. En su caso, la opción del alquiler era la prioritaria aunque también se apuntó a las viviendas protegidas de compra, una vez renunció a la idea original de irse a vivir a Hendaia.

Al otro lado de la muga y en su anterior situación personal, tenía posibilidad de comprar en el mercado libre. Pero en San Sebastián, donde trabaja, las opciones se reducen. En su caso, el mercado de vivienda pública le ha permitido recuperarse del bache económico al que también le llevó la crisis. «Ahora, con lo que pago de alquiler más los gastos de casa (unos 700 euros al mes, calcula) sí me da para ahorrar», asegura Kike, que después de vaciar la hucha cuando se quedó sin empleo, vuelve a garantizarse un colchón por lo que pueda venir en el futuro. «Además de la casa, casi no tengo gastos extra», asegura. «Solo una moto, porque cuando estuve parado me deshice de casi todo».

«Cuando mi pareja dejó el piso, me llamaron para revisar la renta y me la bajaron», explica

Kike asume que no todos los alquileres son como el suyo, y que el abanico de rentas depende de los barrios, de los pisos, de la situación personal de cada familia... Pero él confía en no cambiar a corto plazo. Primero porque está encantado en su barrio, pese a las continuas obras que le han rodeado hasta hace poco -«han ido construyendo esta casa, la de enfrente...», va señalando-. Y segundo, porque ve «muy difícil» afrontar en solitario una renta en el mercado de alquiler libre. «Son carísimas», asegura pensando en los anuncios que apenas bajan de los 800 euros y en las ofertas, por ejemplo, de «habitaciones sin derecho a nada más, por 400». La compra tampoco es opción, a no ser que me «toque la lotería», reconoce. Aunque en el caso de Kike, por ahora, la lotería es conservar este piso de alquiler social que le llevó a dejar la casa de sus padres y le permite seguir viviendo solo, con la tranquilidad de no llegar ahogado a fin de mes.

TEMAS

Noticias relacionadas

Lo más

COMENTARIOS

©DIARIOVASCO

Utilizamos “cookies” propias y de terceros para elaborar información estadística y mostrarle publicidad, contenidos y servicios personalizados a través del análisis de su navegación. Si continúa navegando acepta su uso. Más información y cambio de configuración..

x