Las cuatro protagonistas de la serie.

Ellas también tienen orgasmos

LAS MEJORES SERIES DEL SIGLO xxi | SEXO EN NUEVA YORK 12/03/2017 17:43 |0

Cuatro chicas en la Gran Manzana revolucionaron a los espectadores en una producción con un lenguaje y un universo femenino desinhibido

A 'Sexo en Nueva York' -la serie- le hicieron mucho daño las dos películas (muy insulsas) que posteriormente se produjeron para rentabilizar el éxito de la marca. Posiblemente las últimas temporadas tampoco sentaron bien al conjunto, pero lo de las pelis fue un golpe del que no se ha recuperado el título. Y es una pena. Porque en su día -se estrenó en 1998- fue valiente, original y muy diferente a lo que se había hecho hasta ese momento. Lo que se conoce como tercera edad de oro de las series le debe mucho a la testosterona de 'Los Soprano' y 'The Wire', pero también a la progesterona de 'Sexo en Nueva York'. Y a esta última le ha tocado sortear un montón de prejuicios.

Derribemos algunos. Siempre se ha dicho que 'Sexo en Nueva York' era una serie para chicas -dando por sentado que a todas las mujeres, por el simple hecho de serlo, les interesan los mismos productos-. Lo cierto es que la producción de HBO estaba protagonizada por cuatro féminas, pero abordaba temas que podían interesar a cualquiera, independientemente de su género. En ella se hablaba de relaciones, de retos laborales o del estrés autoimpuesto en las ciudades del siglo XXI. Y de sexo, claro. Y se hacía desde el punto de vista de ellas. Lo vivían ellas, lo contaban ellas, lo opinaban ellas. Pero nos interesaba a todos, porque todos nos podíamos ver representados en alguna de sus historias.

Se decía que caía en muchos tópicos y que algunos le hacían flaco favor al feminismo. En realidad, esta ficción miraba de frente los tópicos, se reía de ellos y los desmontaba. Demostró que a las chicas les gusta el sexo. Hablar de él y practicarlo. Y que la sexualidad femenina es compleja. Y que la sociedad estaba preparada para que ellas tuviesen voz propia en este campo. Faltaría más. Además reivindicaba la diferencia. Porque en eso 'Sexo en Nueva York' era muy clara. Abogaba por la igualdad sin renunciar a las señas de identidad de cada uno. Las mujeres podían ser conservadoras, frívolas, ingenuas, románticas, sarcásticas, escépticas, prácticas. Podían ser lo que les diese la gana sin tener que pedir perdón por ello, sin necesidad de dar explicaciones, sin complejos y sin reparos. Eso se desprendía de aquel producto. Por eso asuntos como la moda o la estética también tenían importancia. Porque a las protagonistas les interesaban. Y mucho.

Menos sexo y más charlas

Luego, en realidad, el sexo no ocupaba tanto tiempo de metraje. Lo que sí había eran conversaciones en torno a él. Con todo lujo de detalles y desde distintos puntos de vista. Y una variedad enorme de situaciones, que daban lugar a orgasmos -por supuesto- y a reflexiones bastante más profundas, sobre la soledad, la búsqueda de la aprobación, las etiquetas... Escarceos fortuitos, encuentros fogosos, tríos, experiencias con juguetes, actos onanistas y algún que otro desvarío fueron habituales en este título que duró seis años.

Pero el verdadero 'leitmotiv' de esta producción fue la amistad. La de cuatro mujeres adultas, de caracteres y ambiciones diferentes, que sobreviven a la jungla amparándose entre ellas, apoyándose, consolándose, peleándose. La serie trataba sobre las familias que nos hacemos a lo largo de nuestra vida, no las que nos toca por la sangre, sino las que escogemos: los amigos. O amigas.

En realidad, esta ficción miraba de frente los tópicos, se reía de ellos y los desmontabaCon el éxito la serie se convirtió en una gran pasarela y el espíritu original se perdió

Carrie era el eje central del grupo, una periodista que se dedica a escribir sobre sexo y relaciones y que echa mano para sus artículos de sus propias vivencias y de las de sus amigas. Charlotte es una niña pija que se creyó todos los cuentos que le contaron de pequeña y se frustra por no encontrar a su príncipe azul. Miranda es una abogada que mira a su alrededor con escepticismo y algo de cinismo y que pelea por ser independiente y no estar atada a nada ni nadie. Samantha es una relaciones públicas promiscua y desinhibida que vive cada día como si no hubiese un mañana. Las cuatro formaron una piña extraordinaria, con una química gracias a la cual la situación más inverosímil resultaba creíble.

En este universo había por supuesto espacio para los hombres, a quienes correspondían papeles secundarios. De todos, el más popular fue Mr. Big, el eterno amor de Carrie, que iba y venía, pero que siempre estaba, y que aportaba los argumentos románticos a esta trama. A él se fueron sumando otros amantes, confidentes, pretendientes, novios ocasionales, 'follamigos', compañeros y jefes.

La jungla a la que antes nos referíamos era Nueva York, la otra gran protagonista y que adquirió con este título una nueva dimensión. Tanto que a día de hoy se organizan tours por la ciudad para conocer algunas localizaciones. Durante las primeras temporadas la moda tuvo importancia relativa y sobre todo bien administrada con el resto de argumentos, pero a medida que la serie logró éxito aquello se convirtió en una gran pasarela y el espíritu original se fue desvirtuando. Con todo, marcó un antes y un después por su descaro y sus brillantes guiones.

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