La ya legendaria familia Ulises. Arriba, Eustaquio Morcillón y Babali. Obras de Buigas y Benejam.

La revista que dio nombre a un arte cumple hoy cien años

SAN SEBASTIÁN. 11/03/2017 18:12 |0

El 11 de marzo de 1917 se publicaba el primer número de TBO

Un día como hoy, hace cien años. Una nueva revista sale a la venta al precio de cinco céntimos de peseta. En principio, otra más; nada hace suponer que las tres letras que forman su título están llamadas a dar nombre a todo un Arte en un país que, a lo largo del siglo XX, vivirá una guerra civil y será testigo de dos mundiales. «Cómprame un tebeo», o «está más visto que el tebeo» son solo dos de las expresiones más habituales que paulatinamente se asentarán en el acervo cultural y que, al menos para las generaciones menos jóvenes, seguirán vigentes ora como reivindicación frente al término 'cómic', ora como uso coloquial.

Todo arranca, en cualquier caso, el 11 de marzo de 1917. Conviene insistir en la fecha, porque durante mucho tiempo quedó establecido que tal efeméride tuvo lugar el día 17. Sin embargo, precisamente fue en el número 17 de la publicación, en el texto «Lo de todos los días...», que la propia 'TBO' recordaba la data de su nacimiento. En aquel entonces, el editor Artur Suárez lanza el título aconsejado por su empleado y escritor Joaquín Arques, quien ve en dicha revista una forma de amortizar de forma más eficaz la imprenta de la empresa. El propio Arques será el padre de la histórica cabecera de tres letras, aunque éste sigue siendo otro extremo no del todo probado, sí más que probable. Arques, muy aficionado al teatro, habría visto la obra lírica 'T.B.O.' (29 de abril de 1909), que aludía a un periódico bautizado de tal guisa. En todo caso, desde dicho primer número las intenciones del editor están claras y recogidas en el subtítulo de la portada: 'Semanario festivo infantil'. No se trata, sin embargo, de páginas repletas de historietas sino, muy al contrario, de protohistorias acompañadas de viñetas dibujadas por Ernesto Pérez Donaz, artista andaluz que ya había demostrado su valía en el género en las revistas 'Monos' y 'Dominguín'. Su planteamiento será recogido a partir del número 10 por Joaquín Buigas (1886-1963, Barcelona), nuevo editor y verdadero responsable del asombroso crecimiento de la revista a lo largo de los años.

Buigas no solo mostraba interés por 'TBO'; muy al contrario, su trayectoria como autor literario era extensa, y aunque a partir de los años veinte desapareció en favor de su actividad editora, parece constatado que así como de aquella se mostraba orgulloso, no podía decirse lo mismo de su faceta de guionista para una publicación menor.

Humor inocente

El humor gráfico en revistas ya existe en España cuando arranca 'TBO'. Desde 1904, por ejemplo, la popular publicación catalana 'En Patufet' o ya en 1916, 'Charlot', basada en el cine y sus emblemáticos protagonistas. En todo éxito hay factores explicables y otros no tanto, y la apuesta de Buigas no es una excepción. Diseñada por el propio editor (y escrita en buena medida), su atractivo reside en los contenidos, que desde su mismo origen van dirigidos a todas las edades, con un humor inocente incapaz de incomodar a nadie, asequible para toda la familia y complementado con relatos plenos de aventura. Hoy puede parecer algo sorprendente, pero entonces África era un lugar misterioso donde todo podía ocurrir, un reducto para las minas del Rey Salomón o, simplemente, para las grandes cacerías a las cuales, por cierto, Buigas era aficionado. Con todo, fue Julio Verne el autor más reproducido en la revista que, poco a poco, introduce dibujantes como Ricard Opisso (en 1919), barcelonés especializado en las multitudes y con un trazo de elegancia exquisita.

A medida que los años pasan, Buigas mantiene la línea editorial, pero incrementa exponencialmente el número de historietas, y ya antes de la Guerra Civil, las ventas de 'TBO' superan los 200.000 ejemplares semanales (superará los 300.000). Tras el parón motivado por el conflicto, el elenco de grandes artistas crece, y figuras como Coll o Muntañola (Josechu el vasco, 1946), asientan el reinado de un título que definitivamente repite personajes, hasta hacerlos más que famosos. Cabe destacar 'La familia Ulises' o 'Eustaquio Morcillón y Babali', sobre guiones de Buigas y lápices de Benejam, o Sabatés, quien da vida al profesor Franz de Copenhague y sus grandes inventos, ya en los 60. Tras sucesivos giros editoriales, en 1988 la revista pasa de Bruguera a Ediciones B. Sus páginas están cuajadas de grandes autores pero, al fin, en septiembre de 1998, desaparece, muy lejos ya de sus mejores momentos. Para entonces, no obstante, la Historia le ha reservado un lugar de privilegio: dar nombre a todos los tebeos.

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